jueves, 10 de mayo de 2018

Diversas miradas sobre Cántico



La tradición trascendida. Cántico y su época es una de las múltiples publicaciones celebrativas que, a lo largo del 2017, han visto la luz para homenajear a Ricardo Molina en el centenario de su nacimiento, y al grupo Cántico y la revista homónima, de cuyo primer número se han cumplido 70 años, aunque esta efeméride haya pasado casi desapercibida.
Tras la protocolaria introducción de la coordinadora del libro, Balbina Prior, donde se justifica la necesidad del mismo y su carácter heterogéneo, al tiempo que se esbozan los diversos artículos que lo integran, se despliegan doce epígrafes pretendidamente asimétricos.
Grupales son las aproximaciones de Luis Antonio de Villena y Juan de Dios Torralbo. El primero firma “Pequeño diccionario íntimo del grupo Cántico”, un compendio de anécdotas escrito desde un punto de vista vivencial y desde la proximidad literaria. Villena conoció en su juventud a todos los miembros, excepto a Ricardo Molina, manteniendo, desde entonces, una relación de amistad, fundida con una admiración literaria declarada. Concluye su evocación afirmando que “Cántico en suma –poetas y pintores- es una galaxia y si ya es muy celebrada, aún está lejos de ser entendida en todas sus dimensiones y en su notable y diferente apuesta estética, dentro de la vida española de su tiempo, no concluido.” El segundo, con “Un paso en la aclimatación de literatura extranjera en España: internacionalización y apertura del grupo Cántico”, profundiza en la independencia y singularidad de unos creadores en una “ciudad de provincias inmóvil y conservadora”, destacando su carácter pionero a la hora de introducir en nuestras letras a ciertos autores extranjeros como T.S. Eliot, Auden, Milosz o Claudel.
De Ricardo Molina se ocupan José María de La Torre, Javier Lostalé, Antonio Colinas y Olga Rendón Infante.
José María de La Torre, responsable de la edición en dos tomos de la Obra poética (Visor, 2007) del pontanés, presenta en “Dos inéditos de Ricardo Molina” un par de textos desconocidos hasta ahora: el primero, un poema titulado “Algo mío”; el segundo, una carta dirigida a Miguel Molina Campuzano, escrita el 7 de mayo de 1948.
Acto seguido, Javier Lostalé acude a la expresión “Hombre solar”, con la que Pablo García Baena definió a su compañero y amigo, y analiza el amor como eje nuclear de su poesía.
La inteligencia, la sutileza y el conocimiento vivencial de Antonio Colinas maceran en “Aroma de leyenda”, escrito desde la dimensión subjetiva que la muerte temprana del poeta proyecta sobre su vida y sobre su poesía. La grandeza de Ricardo Molina para el autor nacido en La Bañeza radica en su capacidad para crear un ámbito eterno, el de la sierra cordobesa, imposible de comprender si no tenemos presentes tanto su obra como la de Góngora. Igualmente, reivindica la novedad de su estética en plena posguerra, un panorama polarizado entre el “compromiso” y el “neoclasicismo”, al apostar por una poesía de la emoción.
En la misma línea que de La Torre, Olga Rendón Infante presenta dos cartas inéditas escritas por Vicente Aleixandre a Ricardo Molina en mayo y junio de 1967, pocos meses antes del fallecimiento de este en enero de 1968.
De Juan Bernier, por contra, tan solo se ocupa Ángel L. Prieto de Paula en “Juan Bernier, entre el yo y el mundo”. Además de destacar el papel cohesionador del mayor de todos los miembros del grupo, capaz de poner en contacto a unos con otros en torno a unas aficiones poéticas, musicales y pictóricas comunes, el crítico salmantino define las líneas esenciales de la poética de Bernier, que, en su fusión de existencialismo y poesía social, “desnaturaliza la estética asumida”, presentándose como “un disidente de la estética arquetípica del grupo representada por Pablo García Baena y Ricardo Molina, y mucho más tardío en la publicación, Julio Aumente”.
Pablo García Baena, fallecido apenas un mes después de la aparición del volumen que nos ocupa, nutre las aproximaciones de Felipe Muriel, “La figura del poeta en la obra de Pablo García Baena”; de Aquilino Luque, “Pablo y la berza”; de Jesús Munarriz, “Una cita otoñal”, y de Antonio Moreno Ayora, “Pablo García Baena: Tres fuentes para su estudio”.
García Baena es, según Felipe Muriel, “el más preocupado por la palabra exacta, el modulado del verso y el ritmo” de sus compañeros a la hora de construir una poética singular a partir de dos planos aparentemente excluyentes: el arrebato y la depuración.
Mientras que Aquilino Luque recuerda, desde su memoria como lector y como amigo, la figura y la obra del  escritor cordobés, notando su oposición estética a autores como Hierro, Celaya o Blas de Otero, Jesús Munárriz rememora sus encuentros otoñales con el ya anciano y premiado presidente del jurado del Premio Ciudad de Córdoba “Ricardo Molina”.
Antonio Moreno Ayora, en cambio, deja constancia de tres estudios recientes sobre su poesía: Pablo García Baena: la liturgia de la palabra, de Antonio Rodríguez Jiménez, Cántico. Resistencia y vanguardia de los poetas de Cántico, de Rosa Luque Reyes, y Pablo García Baena. Antología (1943-2016), selección y estudio de José Infante.
Por su parte, Mario López recibe únicamente la mirada cómplice de Carlos Clementson. En “Mario López en sus paisajes del alma”, además de contar el primer encuentro entre ambos en otoño de 1969, auspiciado por Jacinto Mañas, traza una semblanza biográfica de diecinueve páginas, antes de dar unas breves pero certeras pinceladas sobre un poeta netamente andaluz, afincado “en la tierra y el espíritu de su tierra”.
 Asimismo, Vicente Núñez es objeto de estudio por parte de Antonio Varo Baena, quien, en “Una interpretación sartriana de Los himnos a los árboles”, indaga en el sustrato filosófico sobre el que germinan sus versos.
Julio Aumente centra la atención de Francisco Ruiz Noguera en “Julio Aumente: la pasión, la vida, la belleza”. El profesor malagueño divide su producción en tres etapas: una primera en la cual conecta con las preocupaciones estéticas, morales e ideológicas del resto del grupo; una segunda de un claro esteticismo decadentista, unido a una “hondura en la meditación”, y una tercera marcada por un lenguaje directo y de la calle, que revela la “pasión de Aumente por la vida, el amor y la belleza”.
Cerrada la nómina canónica, es el turno de José de Miguel, quien, pese a no pertenecer a Cántico, tuvo relación con sus miembros nucleares. José María Barrera López firma “José de Miguel, un destino de belleza y realidad en el grupo Cántico de Córdoba”, y destaca que su producción más genuina se caracteriza por la “aguda sátira y el sarcasmo a través de personajes-símbolo”.
Sorprendentemente, Ginés Liébana es, junto a Ricardo Molina y a Pablo García Baena, a quien se le dedica mayor atención. Tres textos dimanan de él. El propio Liébana colabora con un poema inédito titulado “Retrato de Cristo visto a lo Arcimboldo”, al tiempo que es materia de sendos artículos firmados por Bernd Dietz, “La poesía secreta de Ginés Liébana”, y por Miguel Losada, “Ginés Liébana colgando las preguntas en el vestidor de la belleza”. El primero aborda las claves de su creación poética; el segundo recorre amistades y anécdotas del incombustible personaje fabricado por él mismo. Sin embargo, Miguel del Moral tan solo recibe la aproximación tangencial de José María Báez en “El surrealismo en Cántico a través de Pablo García Baena y Miguel del Moral”, donde analiza la relación del grupo con el movimiento de vanguardia a través de la pasión de García Baena por el cine y de las ilustraciones de del Moral.
Por último, Balbina Prior firma dos artículos que pretenden visibilizar a Rocío Moragas: “Rocío Moragas: ¿En la órbita de Cántico o un verso suelto?” y “Pilar Paz Pasamar: un recuerdo imborrable”. Pese a no haber pertenecido al grupo, Moragas mantuvo una relación de amistad con varios de sus componentes y participó en múltiples reuniones, llegando a publicar dos libros en la década de los 50.
Cierra la miscelánea una brevísima muestra de diez poemas firmados, y cito por orden de aparición, por Francisco Gálvez, Juana Castro, José Infante, Manuel Neila, Luis Alberto de Cuenca, José Teruel y Ángel Rodríguez Abad, en los que se homenajea a los diferentes miembros del grupo.
Este volumen supone, en definitiva, pese a la heterogeneidad de las miradas y enfoques, una interesante ventana para asomarse, una vez más, a Cántico, que marcó la poesía española de postguerra y planteó una auténtica renovación del discurso lírico.



(Publicada en Cuadernos del Sur, el 21 de abril de 2018, p. 6)


Autor: VV.AA. Edición de Balbina Prior.
Título: La tradición trascendida. Cántico y su época
Editorial: Ediciones de La Revista Áurea
Año: 2017

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