jueves, 30 de junio de 2016

9 de junio

14:16. Llamada entrante. Achtung baby. Detengo el coche en el arcén. The fly. Bajo el volumen de la música. Diputación de Segovia. U2. Falla la coberturaBlanca y Marta, mis vértices. Visor. Un sueño. Reanudo la marcha.  4% de batería. Imposibilidad de poner en orden las emociones: sorpresa, alegría, honor, responsabilidad, gratitud, efímera plenitud... abrumado. Guía. Llegada a casa. Varias llamadas. Entrevistas. Wathsapp. Muchos años de trabajo en silencio y a solas. Facebook. Nueve años de escritura y reescritura. Un éxito, múltiples fracasos. La insuficiencia del lenguaje. Llevar a mis hijas a las pistas de atletismo y darle importancia a lo que realmente lo tiene en la vida.


jueves, 9 de junio de 2016

Poesía de pensamiento


Territorios bajo vigilancia (Poesía reunida) y El fin del mundo en las televisiones (Premio Tiflos de Poesía) comparten editorial (Visor) y anaqueles, al tiempo que ratifican que Diego Doncel (Malpartida de Cáceres, 1964) es una de las voces más importantes y originales de la última lírica española.

Desde sus inicios, el poeta cacereño busca una renovación de la poesía figurativa de la generación anterior. Así, en El único umbral (1990, Premio Adonáis) propone una alternativa a esta y plantea un discurso amargo y desencantado, que aspira a ser testimonio de la decepción de un yo que proyecta sobre la naturaleza el fracaso y la frustración de sentirse parte de un mundo complejo y contradictorio. Aunque en Una sombra que pasa (Tusquets, 1998), un único poema dividido en doce movimientos, ahonda en estos presupuestos, no será hasta En ningún paraíso (Visor, 2005) y Porno ficción (DVD, 2011; Premio de Poesía Ciudad de Burgos) cuando -con el aplauso unánime de lectores, crítica y compañeros- Doncel cree un imaginario propio y consiga huir de las formas tradicionales gracias al empleo del versículo, de la narratividad y de la ironía, convirtiéndose en el adalid de una nueva corriente poética nacida de nuestro tiempo y de la problemática intrínseca de la sociedad actual. Esta tendencia supone, pues, una renovación tanto de los modos como de los recursos para que la palabra desarrolle toda su capacidad crítica y adquiera, inevitablemente, una dimensión moral.


(Publicado en Cuadernos del Sur, 4 de junio de 2016, p. 3)

lunes, 6 de junio de 2016

Gratitud


De vez en cuando, la vida nos regala detalles inesperados. Y es su condición imprevista la que nos hace disfrutarlos de una manera singular, como una extraña amalgama de sorpresa, gratitud, alegría y responsabilidad.
Lejos de dejarse llevar por una vanidad disfrazada de falsa modestia, estos momentos contribuyen a que uno tome conciencia de sus limitaciones, sin que ello suponga olvidar los puntos fuertes. En este sentido, siempre me ha parecido más saludable mirar el trayecto que nos queda por recorrer que regocijarnos en lo transitado, pues cualquier reconocimiento siempre es relativo y no hace mejor ni peor la labor desempeñada.
El pasado jueves por la tarde, aprovechando que trabajaba en el CEP Luisa Revuelta de Córdoba, me acerqué a la sede temporal de la Real Academia para asistir, por primera vez, a una sesión privada de la misma y cumplir con el ritual de agradecer públicamente mi nombramiento como nuevo académico correspondiente tanto a las tres personas que presentaron mi candidatura -Antonio Cruz Casado, Manuel Gahete y María José Porro, y cito por orden alfabético- como a todas aquellas que depositaron la piedra blanca de la confianza y el reconocimiento.
En mi breve intervención destaqué que es un honor formar parte de esta bicentenaria institución, que es un orgullo que tres filólogos -todos ellos, además, docentes- me hayan propuesto  y que asumo la elección con la responsabilidad de no defraudar las expectativas de quienes valoran mi trabajo como investigador, como crítico y como escritor.